was successfully added to your cart.

No hace falta decir que cuando alguien, a quien queremos muere, nos sentimos abandonados y que nos deja solos, porque no podremos contar más con su presencia y su compañía.

Es una situación muy dura y complicada al mismo tiempo. En realidad, el simple hecho de hablar sobre la muerte de alguien, ya genera en nosotros una intranquilidad y unos temores que son muy comunes.

Cuando la persona que ha muerto es un familiar cercano, como por ejemplo nuestro padre, nuestro hermano, nuestro hijo/hija o algún abuelo, la sensación es todavía más angustiosa. El dolor es mucho más intenso y el sufrimiento parece no terminar nunca.

No hay consuelo ni explicación, ni ningún razonamiento que pueda aliviar lo que estamos viviendo.

En muchas ocasiones el sufrimiento empieza antes del proceso de la muerte.

Por ejemplo, en enfermedades de la larga duración, como el cáncer, o enfermedades degenerativas, dónde la familia más allegada ya empieza a conectar con la muerte del ser querido antes de que se produzca.

Sin embargo, estos momentos previos a la muerte son en realidad buenos para empezar a conectar con la despedida de este ser querido y para ir tomando conciencia de que se va de nuestro lado.

Esta parte previa es muy importante y se debe realizar algún tipo de trabajo personal para así, cuándo se produzca la muerte, el nivel de angustia sea menos intenso y no nos desborde.

Esto ayudará, tanto a la persona que se va, como a nosotros mismos, a que el proceso sea menos doloroso y más llevadero.

En todo este proceso hay unas fases por las que iremos pasando y todas ellas son necesarias, porqué cada una nos indica el punto en el que estamos y aunque parezca increíble, nos puede brindar un gran aprendizaje.

Llegado a este punto me gustaría recalcar que la preparación de uno mismo respecto al tema de la muerte o la toma de conciencia de la misma, es un punto muy importante a tener en cuenta. Nuestra preparación para nuestra propia muerte nos será de ayuda a la hora de afrontar la muerte de nuestros seres más cercanos.

Una de las fases que atravesaremos después de una pérdida será el duelo. El tiempo de duración puede ser muy variable, aunque suele ser bastante largo.

De hecho, hay personas a las que les dura toda la vida, porque no son capaces de digerir el dolor y el sufrimiento de la pérdida; hay otras personas que no pueden enfrentarse al duelo y lo viven como si no hubiera pasado nada, y algunas que generan rabia y enfado hacia todo y todos.

No es mejor ni peor vivirlo de una u otra forma. La manera en la que lo vivamos nos indicará únicamente en el punto dónde nos encontramos. Por ejemplo, si estamos muy vulnerables nos derrumbaremos más fácilmente. Pero no hay que intentar “llevarlo bien”, tampoco hay que intentar estar “un poco mejor” ni menos aún “pasar página”.

Todo esto son esfuerzos que solemos hacer, pero, en definitiva, lo que estamos haciendo es desconectándonos de nuestro proceso de aprendizaje interno de lo que hemos vivido.

Es duro y cuesta mantenerse en la sensación de la pérdida, pero es importante no alejarnos de nuestra realidad en ese momento. El dolor de que esta persona a la que tanto queríamos ya no está puede parecernos insoportable y por eso es importante poder compartir el duelo y verbalizar lo que sentimos.

Lo que ocurre es que hacemos lo que podemos con los recursos que tenemos.

Más adelante hablaremos sobre los recursos que pueden ayudarnos en este proceso y cómo los podemos utilizar para mantenernos en estas sensaciones y que el aprendizaje sea posible, por dura que sea la vivencia.

Por increíble que nos parezca podemos aprender de esta situación y esto será clave para superarla.

A menudo me preguntan:

¿Cómo puedo superar la muerte o el duelo de un ser querido?

Yo siempre digo que todo lo que vivo, por muy duro y doloroso que sea, lleva impreso un aprendizaje y dicho aprendizaje es la manera o la llave para superarlo.

Y luego me preguntan:

¿cómo voy a aprender de algo tan doloroso y con tanto sufrimiento?

Precisamente el dolor y el sufrimiento es lo que no nos deja aprender. La angustia existencial del ser humano, el apego a las cosas que queremos y deseamos y las personas que amamos es tan fuerte que no podemos aprender de estos procesos.

Éste puede ser un buen momento (y os aseguro que lo es) para reflexionar de manera introspectiva y para replantearnos algunos aspectos de nuestra vida de manera existencial.

Se nos brinda la oportunidad de disfrutar un poco más de la gente que aún está con nosotros, de darnos cuenta de que cada día que amanece y seguimos respirando es un regalo y de que cada día tenemos la oportunidad de generar cosas para nosotros y para los demás.

Bien es cierto que para llegar a aprender o a superar la muerte de un ser querido primero hay que salir de la fase de duelo y ésto no siempre es fácil.

Cada uno tenemos unos códigos internos, una forma de entender la vida.

Para cada uno de nosotros la vida tiene un significado y un valor diferentes. Estos códigos son los que a menudo nos mantienen anclados a esas vivencias duras que se mantienen durante años con la consecuencia de no ser capaces de vivir la vida con máxima plenitud y con más alegría.

Durante el periodo de tiempo que pueda durar el duelo nos suelen venir imágenes, momentos puntuales de la persona que nos ha dejado o sensaciones de culpabilidad de lo que hubiéramos podido hacer o de lo que le hubiéramos dicho y no hemos podido o remordimiento de cosas que hicimos cuando aún vivía.

¿Qué pensarías si yo os dijera que todos estos pensamientos recurrentes es una forma inconsciente de mantenernos conectados a este ser que ya no está?

Aunque parezca cruel es la forma que tenemos de recordar a alguien porqué olvidarlo sería como perderlo para siempre.

En este sentido nuestro inconsciente juega un papel fundamental a nivel de las emociones y de nuestra manera de entender la vida.

Cuando sentimos una emoción, cuando nos viene un recuerdo y no sabemos porqué, cuando sentimos algo que no sabemos identificar y se nos estremece el cuerpo, cuando lloramos o recordamos a ese ser querido, cada vez que eso ocurre, tenemos la oportunidad de dialogar con nuestra parte emocional y de entendernos un poco más.

El diálogo con nuestra parte emocional sería una de las herramientas de las que antes os hablaba. A esta parte emocional la llamaremos nuestro/a niño/a interior.

Esta herramienta la aprendí ya hace tiempo de mi profesor Jaume Campos y os aseguro que es una herramienta muy simple, muy sencilla, pero muy potente y profunda con la que se consiguen grandes resultados. Os voy a resumir brevemente la manera de utilizar dicha herramienta:

Cada vez que sintáis cualquier emoción de angustia sobre la muerte de alguien, lo primero que tenéis que hacer es situarlo en la zona del cuerpo donde lo sentís.

Hay tres zonas más básicas: la garganta, el pecho y el estómago.

Una vez localizada la sensación tenemos que profundizar en ella:

¿Qué genera en mí esta sensación?

Si dejamos un espacio, surgirá una emoción, que dejaremos salir, permitiendo que se exprese desde nuestro interior. En este momento es muy fácil que nos llegue alguna imagen o alguna situación concreta: en el hospital, en la Iglesia, en el cementerio o durante el entierro, velatorio o cualquier otra circunstancia.

En ese momento tenemos que ubicarnos nosotros, nuestro/a niño/a, en esa situación y cuando lo/a tengamos ubicado/a, lo único que tenemos que hacer es acercarnos a él/ella, sentir lo que está viviendo y cuando lo tengamos es darle a ese/a niño/a todo lo que necesitaba y decirle que lo/a entendemos y que no está sólo/a.

Éste ejercicio que parece tan sencillo, cuando más lo ejecutemos y más profundicemos, los resultados que obtendremos serán sorprendentes. Os invito a que lo practiquéis.

Durante este ejercicio no hay que forzar nada, dejaros llevar. Dejar que la sensación y la emoción os lleve. Cuando haya que soltar tensiones, soltad. Si no podéis acceder a algun punto porque hay demasiada angustia, dejarlo ahí, no pasa nada.

Lo podéis intentar más adelante, en otro momento que os sintáis más preparados.

Tenéis un programa de radio gratuito en www.holisticafm.net donde Jaume Campos ofrece educación emocional y si no en el siguiente vídeo os explica dicho ejercicio de forma detallada y con una práctica dirigida por él mismo.

Por otra parte, yo siempre recomiendo después de la pérdida de algún ser querido o de alguna situación dolorosa, pedir ayuda a algún profesional.

En nuestro caso utilizamos el Método DEEP® para acceder a nuestra parte inconsciente, generar un diálogo y desbloquear esa parte que se quedó fijada en el momento del impacto y así poder liberarlo, y al mismo tiempo, generar un aprendizaje de lo que sucedió o de lo que vivimos en ese momento.

Al ser humano le cuesta mucho entender que se pueda aprender de las situaciones duras de la vida. Suele pasar a menudo que la gente no quiere enfrentarse a ciertas cosas que ha vivido porque cree que revivirlo será doloroso y nada cambiará o que no hay nada que aprender de aquello vivido con sufrimiento.

Ésto suele pasar porqué lo vivimos desde nuestra parte emocional sin una ayuda o guía que nos apoye o sin un trabajo previo de crecimiento personal que nos sirva para gestionar la sensación de abandono, que es muy fuerte porque alguien al que queríamos tanto se haya ido para siempre.

Lo vivimos desde esa parte de desolación de que no podemos aprender nada de que nos haya dejado, de que se haya marchado y por eso es tan importante conectar con ese/a niño/a qué está solo/a o que se siente desolado/a y darle nosotros lo que necesita.

La mayoría de la gente entendemos que “hay que superar la muerte de un ser querido”, ya que se suele vivir la vida como una superación: cómo ir llegando a objetivos o superando obstáculos.

Para mí, la muerte de un ser querido no se supera, se vive con ella, pero de nosotros depende vivir en paz o vivir en conflicto.

Vivir en conflicto con la muerte es lo que la mayoría de la gente hace.

Sienten que no hay que hacer nada más que seguir pensando en la persona que ya no está, seguir sufriendo cuándo vamos al cementerio, cuando miramos una foto o cuando simplemente se habla en alguna anécdota del pasado en el que esta persona aparece y se nos empañan los ojos en lágrimas…

Esto es lo que suele vivir la gran mayoría de las personas.

Y… ¿queréis que os diga qué es lo peor? que lo normalizamos.

Sí, solemos normalizar este tipo de conductas y vivimos diariamente así. La normalización es uno de nuestros peores enemigos porqué nos impide ver más allá de lo que realmente hay.

Sería como aceptar una manera de vivir inamovible que debe de ser así, una manera de vivir donde el ser humano piensa o entiende que, en ciertos aspectos de la vida, el cambio no es posible.

Solemos pensar que la muerte es una desgracia, que es algo malo.Es cierto que a la mayoría nos angustia la muerte. Es algo a lo que nos cuesta enfrentarnos. Pero me gustaría que reflexionarais sobre la siguiente cuestión:

¿alguna vez os habéis dado cuenta de que siempre que alguien muere se generan cambios en el entorno que muchas veces son de una gran relevancia?

Siempre que alguien muere hay cambios en la familia, a nivel de trabajo o bien en la percepción de las cosas. A veces el dolor nos impide verlo desde un prisma diferente que nos enriquece y nos ayuda a seguir adelante con fuerzas renovadas.

Voy a compartir con vosotros otra de las herramientas que nos ayudará en este proceso de duelo.

Se trata de algo tan sencillo como escribir una carta a la persona que ya no está. Todo aquello que nos quedó por decir y todo aquello que nos faltó por contar y expresar.

Si llegamos tarde al hospital o un lugar donde esté ser querido murió y no tuvimos la oportunidad de despedirnos de él o de decirle adiós, ahora tenemos la oportunidad de, en un momento en el que nos encontremos tranquilos, coger un papel y un lápiz y escribirle una carta.

Cualquier cosa que no salga de nuestra mente sino del corazón podemos plasmarla en el papel y cuando tengamos la carta, podemos ponerla en un sobre y a continuación la podemos quemar o bien la podemos guardar si así lo sentimos.

Este ejercicio es muy recomendable para abrirnos desde dentro y empezar a expresarnos, aunque sea con un lápiz y un papel. Esto nos aliviará del peso que llevamos dentro, de la culpa o del remordimiento de no haber podido expresar a la persona, que ya no está, ciertas cosas que le querríamos haber dicho en vida.

En definitiva, se trata de ir soltando, cada uno dentro de sus posibilidades, toda esa tensión interna que se genera tras haber vivido una situación dura de desapego de una persona querida para poder gestionar mejor lo que vamos viviendo día a día.

Para finalizar, me gustaría hablaros sobre la fase de la aceptación.

A veces nos cuesta seguir nuestra vida sin la persona que tanto queremos y que nos ha dejado. Este punto de aceptación no es algo que debamos alcanzar o conseguir. Es un punto que se da en nosotros cuando ya no hay lucha. Cuando dejamos de sentirlo como una injusticia, cuando ya no hay culpables ni verdugos.

En definitiva: es cuando nosotros estamos preparados para soltar el dolor y dejamos de aferrarnos a nuestro sufrimiento. Comprender que la existencia de ese ser amado ha llegado a su fin, sea por las causas que sean.

En un principio puede, y es totalmente comprensible, que nos parezca injusto y cruel que, por ejemplo, una enfermedad nos arrebate a un ser querido, pasaremos por diferentes fases de dolor, rabia, negación, haremos el duelo y finalmente quizás podremos llegar a la aceptación.

Nadie nos está arrebatando nada porque todos los procesos que vivimos, inevitablemente, son los que tenemos que vivir para nuestro propio aprendizaje y es por ello que hemos de conseguir encontrar el aprendizaje escondido detrás de ese dolor por la muerte del nuestro ser querido.

¡Un saludo!

 

Sandro Liñana Boronat

Especialista del Método DEEP® Desbloqueo Energético Emocional Profundo del Instituto Internacional de Terapia Holística Biofísica, Instituto THB de Jaume Campos

Leave a Reply